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La pasión y elegancia de Florence and the Machine

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El día entraba en la recta final, la luz del sol matizaba el ocaso de un martes en la ciudad del asfalto, las altas temperaturas invitaban a la gente a entrar lo más rápido posible al Auditorio Citibanamex. En los alrededores del recinto, y dentro, el común denominador eran los tocados de flores en la cabeza de las chicas, ¿el motivo? Florence and the Machine se presentaban por primera vez en la ciudad de la mano de su tour High as Hope.

El proyecto que lleva por nombre Beth Ditto fungió como abridor de la noche y cumplió su cometido. Calentó el ambiente y dejó todo listo para que el platillo fuerte fuera degustado por un público joven, en su mayoría, que con el ímpetu por delante, esperaba con ansia la salida a escena de la banda.

Un arpa, un piano y demás instrumentos aguardaban a la estrella de la noche, Florence Welch, quien enfundada en un vestido color melón (que combinaba con el color de su cabello) entallado y que en la parte de abajo hacía un vuelo, apenas pisó el escenario y se ganó al público.

 

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Florence en todo momento fue un auténtico vendaval, no dejaba indiferente a nadie con sus movimientos ágiles y estilizados, recorría el escenario de un lado a otro y constantemente mantenía el contacto, ya fuera visual, señalándolos con un dedo, o acercándoles el micrófono para que unieran su voz a la de ella.

En ocasiones, cuando las luces se apagaban, Florence caminaba mirando fijamente a sus espectadores. Con su piel blanca y su cabello largo daba la impresión de ser un ánima, que se comunicaba, además de su voz y su música, a través del movimiento de sus manos y los giros repetidos sobre su eje, con una agilidad envidiable. Brincos, pasos de danza son el tenor de la noche y complementan una cadena de emociones y sentimientos.

Cuando Florence tomaba el micrófono entre canción y canción y se dirigía a los espectadores, el contraste era evidente. Una voz sutil y mansa (acompañadas por las notas del arpa), una Florence introvertida aparecía, una especie Dr. Jekyll & Mr. Hide, nada tenía que ver con la que hacía unos instantes se comía el escenario interpretando un tema.

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Florence transmite sobre el escenario. Durante todo el concierto tuvo el control sobre sus fans, en cada invitación a cantar, ellos respondían de inmediato, cuando pidió palmas éstas llegaron, hasta pidió que metieran sus celulares a la bolsa y éstos fueron guardados (por un breve periodo de tiempo, claro) y cuando con un movimiento contundente marcaba un silencio, éste se apropiaba del recinto.

Hubo momentos donde la gente se encendió con algunos simbolismos, como cuando una bandera mexicana y otra con los colores LGBT aparecieron, Florence las empuñó y las palmas no se hicieron esperar. En todo momento agradeció al público y charló con él, en ocasiones se extendía, preparando la atmósfera para el siguiente tema.

Uno de los puntos álgidos de la noche fue cuando bajó del escenario a saludar a los asistentes de las primeras filas, que enloquecidas y apasionadas por verla de cerca gritaban de manera eufórica e intentaban tocarla como si se tratara de un acto de canonización. Ahí, subida en una valla, interpretó un tema, mientras la gente la sostenía, Florence agitaba la cabeza como toda una headbanger, la pasión a su máxima expresión.

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Una noche llena de entusiasmo, entrega, frescura, donde Florence derrochó personalidad y, sobre todo, mucha elegancia. El concierto de Florence and the Machine sin duda hay que guardarlo y archivarlo en el apartado de las noches memorables del Auditorio Citibanamex.

Last modified onMiércoles, 19 Junio 2019 14:40
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