Menu

El Muertho de Tijuana: el reflejo de una realidad latente

Es como un Silverio satánico, me dijeron alguna vez. Yo tenía que comprobarlo con mis propios ojos.

El Foro Bizarro, en la colonia Roma, le abrió las puertas a Baltazar Hernández, “El Muertho de Tijuana”, y yo estaba ahí para verlo.

Minutos después de las 11 de la noche, los colores psicodélicos del lugar le dieron paso a un azul profundo para recibir en el escenario a ese excéntrico personaje que, según reveló en una entrevista, alguna vez quiso ser futbolista y no lo logró. Ese fue uno de sus tantos sueños frustrados.

El Muertho es un hombre singular con cabellera rubia al hombro, pintura blanca y negra en el rostro (así como los Kiss pero mexican version), un crucifijo plateado en el pecho y un atuendo poco convencional conformado por un brassiere negro, una túnica que cubre su delgada y alta figura y zapatos negros con una enorme plataforma (igualitos a los de Marilyn Manson).

Una divertida presentación virtual emitida desde una computadora acompañada por “I was made for lovin’ you” son el inicio del show que duró poco más de una hora y que demostró ser el reflejo de la sociedad mexicana por el contenido explícito de las canciones.

Cantos a Catemaco, a las exparejas, al hermano Malandro, al suicidio, a la diabetes, al temor de envejecer sin amor y, por supuesto, al rocanrol plagado de Elvis, los Beatles, Rigo Tovar y hasta Pedro Infante; así es el repertorio de El Muertho de Tijuana.

El público eufórico busca provocación, siempre lo hace, dice mi acompañante: “Te voy a poner chichis porque no tienes”, “pinche viejo decrépito”, “viejo lesbiano”, “no te enojes, te puede dar diabetes” y “vete a la verga”, gritan los asistentes una y otra vez con el propósito de llamar la atención del sujeto oriundo de la ciudad fronteriza y ganar aunque sea una de sus sonrisas, que, más allá de dar miedo, dan ternura.

Varios son los objetos con los que este peculiar personaje se apoya en su presentación, entre ellos un dildo que chupa en varias ocasiones y un velo negro para contar la historia del “Dios culero” al que tanto se le recrimina. Su lengua es una apología a su ser extrovertido y pícaro.

Sorprende el imán que el muertho tiene con los hombres. En medio de la cátedra, un argentino de más de 50 años sube al escenario en repetidas ocasiones para hacerle propuestas al tijuanense. Tal vez indecorosas. No se sabe. El músico lo recibe con sutileza. Luego, llegan tres amigos con un pomito y, a la par de su trip, bailan desenfrenadamente ante la multitud.

Así concluye este extraño y divertido recital de un músico que desde hace años ha buscado un camino en la escena y parece que poco a poco se va consagrando por su sentido del humor y la empatía que muestra antes sus fans.

Last modified onSábado, 29 Junio 2019 16:04
back to top