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Los giros de Julieta

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Hace dos años Julieta Venegas dejó la Ciudad de México y enfiló a Buenos Aires. Atrás dejó giras, lanzamientos de discos, desbarató a su banda y se instaló en la cotidianeidad de una ciudad tan cultural como la capital argentina. Fue como ir por una autopista a 160 km por hora, frenar, tomar la lateral e ingresar a una calle mansa y poco transitada.

Julieta es una lectora voraz. En sus manos cayó el libro Obra Dispersa de Santiago Loza, lo cual la empujó a conocer más su obra, y una cosa llevó a la otra, contactó al autor, le ofreció sus servicios, compuso diez temas para su obra La Enamorada, y por si fuera poco, actuó por primera vez en su vida, encima, un monólogo. Y por espacio de cuatro meses solo estuvo en eso. Luego, las canciones se convirtieron en un disco, que se lanzó en noviembre del 19 y, un par de meses después, gira por México.

El clima en Monterrey durante el mes de febrero es amable. No así el tráfico, sus arterias van en modo lento, Uber es la mejor opción. La gira mexicana de Julieta arranca en la ciudad de las montañas. Su público, así como su outfit, hace tiempo cambió. Desde el “Sí” atrapó otros mercados. De actuar en la Tumba, mítico bar del Barrio Antiguo, donde el dueño es apodado El Pájaro, ahora lo hace en el Show Center, propiedad de los Garza Mercado (sí, los hermanos del video). Viró del centro de Monterrey a San Pedro.

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El reloj marca más de las 9 de la noche, la gente deambula buscando sus lugares, unos se saludan y abrazan, otros posan para la cámara de su teléfono, los meseros en un vaivén continuo reparten viandas y bebidas. Las luces se apagan, la figura de Julieta se dibuja en la oscuridad, se encamina al piano de cola que se encuentra al centro del escenario, coloca en el piso una carpeta. Saluda de frente al público con las manos detrás, sonríe y agradece la ovación.

El formato del concierto que ofrecerá Venegas es aparecer sola en el escenario, sin músicos, ni secuencias, sola con un piano, un ukulele, una guitarra y, por supuesto, un acordeón. Un formato que nunca había mostrado en su carrera. De vestido        azul holgado, flats negros, grandes aretes dorados, cabello recogido, sentada al piano, Julieta recorre con sus manos las teclas para dar forma a Ilusión, que interpretara junto a la brasileña Marisa Monte en su Unplugged MTV.

Al terminar, invita al público de las últimas filas a ocupar los lugares vacíos del centro, durante la estampida, Julieta narra la noche que en un bar escuchó por primera vez el tema dedicado a los desaparecidos por la dictadura argentina Los Dinosauros. Hay que decir que a la mayoría de los ahí presentes les pasó de noche la anécdota y el nombre de Charly García, pero esto no impidió que Venegas interpretara Ojos de Videotape, de forma única, al piano y envuelta en humo y luces azuladas, una de las joyas de la noche.

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Del piano pasa al ukelele, versiona a Juan Gabriel y a José Alfredo Jiménez, cabecea de un lado a otro, abre la boca desmesurada, sonríe, se le ve feliz, plena, estira sus brazos hacia el público como queriendo atraerlos y los invita a cantar, sus aretes redondos brillan por el reflejo de las luces, estelas de humo continuamente invaden el escenario y la iluminación se reparte en tonos azulosos, morados y rojizos.

Julieta interactúa constante con el público, le cuenta historias de cómo y cuándo surgieron sus canciones, anécdotas o teorías de lo que piensa de algunas situaciones de la vida y les hace saber que está a favor del feminismo. El público atento la escucha y graba, aunque no pueden faltar los que platican o se levantan constantemente de sus asientos para ir al baño o por más provisiones.

Julieta usa poco la guitarra, por ejempo en Canciones de Amor, del disco “Limón y Sal”. Luce jovial, transmite su alegría cuando camina sobre el escenario y va de un instrumento a otro, la atención del público es total, salvo los incontinentes y hambrientos que se disculpan a cada paso con los demás por tapar la visibilidad del espectáculo.

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Oleada de su disco “Sí” es el primer tema con acordeón, la interpretación es más pasional, juega con el instrumento, lo alarga, hace pausas, sus manos se mueven ágiles por las teclas, las recorre y remata sobre los botones para darle más intensidad, incluso lanza pequeños golpecitos sobre los botones a los que también recorre con rapidez una y otra vez.

Luego rescata un tema que tenía años de no tocar, Casa Abandonada de su segundo disco “Buen Invento”, incluso lo menciona ella misma, no estaba en el programa. Pero, por ahí desperdigada entre el público, una fan de las pocas que le siguen, desde el inicio se la pidió. El formato del show es muy libre y a pesar de no tenerla tan bien ensayada, Julieta accede y la interpreta.

Lento destaca también en acordeón, el público es más participativo, corea y celebra la canción. Esta Vez de su primer disco “Aquí”, otro tema que no es tan recurrente en sus giras, la interpreta al piano.

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El turno de temas nuevos, explica el contexto de cada pieza, ensaya con el publico para que la acompañen con el coro. Agradece una y otra vez a los asistentes por su presencia y menciona la emoción por iniciar su gira en Monterrey. Así transcurre esta noche, con su voz dando vida a Ese camino y Eres para mí. Se despide con Me voy y vuelve casi al instante, ahora si para dar el cerrojazo final sentada al piano con Limón y sal.

Un concierto así de íntimo da la oportunidad de palpar las canciones, sin tantos adornos. Desnudas. Tal vez como nacieron en la sala de ensayos o en la soledad de una habitación, es una experiencia distinta, tanto para el público como para el músico.

Hay que agradecer a Julieta por tomar riesgos. En su momento dejó atrás una etapa más oscura y “rockera” para decantarse por el pop. Ahora, después de una pausa se muestra sola en el escenario, un reto que debe ser más desgastante por tener la atención total y no tener a la mano a sus músicos de apoyo, pero en la vida hay que dar giros de timón, renovar el paisaje, refrescar el camino, hay que ponerle limón y sal.

Last modified onSábado, 08 Febrero 2020 13:03
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