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Elizabeth Bishop – Obra completa —2. Prosa

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La publicación de este volumen de Prosa, primero de los dos que configuran la Obra completa de la poeta norteamericana Elizabeth Bishop (1911-1979), responde a la voluntad de Vaso Roto Ediciones de rendir homenaje a una de las voces más relevantes de la poesía norteamericana contemporánea. Por su claridad, precisión y hondura, pero también por el rigor vigilante que Bishop aplicó a su poesía, su figura ha terminado ocupando un lugar central en el imaginario cultural estadounidense.

La prosa de Bishop no es tan conocida como su poesía, pero este volumen demuestra que fue una prosista deslumbrante. Sus relatos, muchos de tema autobiográfico, participan de las virtudes de sus poemas. Hay en ellos ironía y ternura, detallismo y reticencia, y a la vez un raro talento para encontrar las imágenes que mejor ilustran sus ideas.

Este volumen, editado por el poeta y crítico Lloyd Schwartz y traducido con maestría por el poeta Mariano Peyrou, recoge toda la prosa que publicó en vida más una serie de textos inéditos y piezas de juventud. Se incluyen aquí sus cuentos –como el célebre «En la aldea»–, sus evocaciones y crónicas de Brasil –donde vivió cerca de veinte años–, sus ensayos y reseñas literarias y la correspondencia iluminadora que mantuvo con la poeta Anne Stevenson. El resultado es un autorretrato de cuerpo entero de una escritora admirable que logró lo más difícil: cultivar la ingravidez y dejar huella.

Génesis del San Lunes. Antología noctámbula de José Alvarado.

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Libro clásico, por primera vez publicado en este formato.

«Trashumante preciso». La obra de este prolífico y chispeante escritor se inserta entre quienes decantan al mundo con sus observaciones agudas. José Alvarado Santos, Pepe Alvarado para los contemporáneos, depuró estilísticamente la barrera insoldable entre el periodismo y la literatura. Sus crónicas publicadas a lo largo del siglo XX en diferentes medios impresos son exámenes a conciencia de un viajero del tiempo. De un enamorado de la nación mexicana. Bohemio amante apasionado de las conversaciones y el lúpulo interminables, nutrido en la Universidad de la Vida, en las ámpulas de las calles, prosigue firme en la construcción del periodismo literario mexicano.

La valía de la obra de Alvarado, de su pensamiento crítico, de lector mordaz, de tránsfuga antisistema, está presente en esta Génesis del San Lunes, antología noctámbula que recobra la angustia y la dicha de una vida al límite. Las páginas de este volumen son un recuento del noble oficio de uno de nuestros cronistas mayores. Recuperar el corazón valiente de una pluma erudita con una prosa preocupada por la ironía y la puntualidad del lenguaje. No hay desperdicio alguno de estas páginas. Mientras, el árbol de los afectos crece con el tránsito de la lectura. Elegante y poderoso: José Alvarado Santos, Pepe Alvarado, para quienes destruyen lo artificial y se quedan firmes con lo natural. Como esta prosa irredenta e irremediablemente justa.

La vida sin reparos.

 

 PremioEugenioGarzaSadaComposicion

Despertó adolorido en un cuarto del Zambrano Hellion. Dos días inconscientes. Sedado con el apoyo de los mejores médicos del norte del país. Valió verga, pensó.

-¿Dónde chingados estoy?, el pulso acelerado detonó en la estación de auxilio. Llegaron las enfermeras a tranquilizar al ingresado. El médico residente le pidió paciencia para explicar cada uno de los detalles.

Del accidente en la frontera del centrito de San Pedro. Entró también el principal de sus guaruras. En la nebulosa de la memoria, la fiesta en el bar. El poder del house music.

Cada ida al sanitario para aspirar la cocaína de tu confianza. Lavada y con sabor a coco. Al trópico como tu casa en Miami, la fortaleza de cristal donde te recluyes cada depresión.

Vodka raspberry absolut, cocaína y el grupo de amigas de tu novia.

-Pudimos evitar las fotografías del Ferrari, fue pérdida total el auto. El seguro no va a cubrirlo, te lo mencionó Adalberto, tu guarura con formación en el Mossad.

-Se va a encabronar mi papá, le respondiste. De seguro va a tratar de internarme otra vez en la clínica. No soporto otra rehab.

La llamada en la extensión del cuarto. Respondió Adalberto. – Es su mamá patrón-

Ella lloraba rendida. Desde niño te conocieron como el león, por el cabello rubio y los gestos felinos de los ojos.

-Mamá, ya no puedo más, respondiste. Si te sirve de algo, como en muchas otras ocasiones, voy a cambiar. Solo no le digas nada a papá del auto. Fue la última idiotez de la vida.

-Ojalá hayas entendido como te protegió la Virgen, encomienda tu alma y cuerpo a ella, vas a encontrar mucha paz.

Lloraste del otro lado de la línea telefónica. Treinta y cinco años de excesos. De rumba por todas partes del mundo. El matrimonio con Patricia se fue a la mierda desde el segundo mes.

Procrearon como obligación. Hasta el momento en donde se esfumó cada una de las nubes de la paciencia. Los apellidos de ambos se desenlazaron en un acuerdo beneficioso para ella.

Te reventaste las siguientes tres vidas de tu felina existencia. Pusiste la máscara para las cosas feas. Eludir el trabajo o participar en el consejo directivo de cada una de las añejas empresas de la familia.

Cerveza, cartón, corcholatas, vidrios, de todo la familia es fundadora y con participación accionaria. Ingresos vitalicios asegurados por lo menos en diez generaciones.

En tus debruces conociste a Sabrina, divorciada del mismo nivel al tuyo. La amachinaste con los viajes en helicóptero para ir de compras a San Antonio. Hablaron mil veces de tener un hijo en común.

Compraron un cachorro de Husky y un gato egipcio. Ambos con permiso de importación desde sus países de origen.

La noche del enojo ella te pidió darse un break. Soy un hombre de 59 años no un chamaco. Esnifar es tu deporte favorito. El tigre ruge y todos tiemblan. El zarpazo del Ferrari contra la caseta de la policía te dejó inconsciente.

Sabrina gruñó de tu pendejada. A ver si aprende pronto a ser un hombre.

Te dieron de alta y te permitieron salir del Hospital Zambrano Hellion. La salud no tiene precio.

Adalberto te llevó en silla de ruedas por el sótano del estacionamiento alterno. Las luces apagadas y al fondo las luces de un Ferrari nuevo. Regalo de tu mamá, para no permitir un regaño más de tu padre.

La vida es justa. Ojalá Sabrina me extrañe. Al retirar el collarín, dentro del Ferrari, el motor rugió.

-Tiene el tanque lleno, mencionó Adalberto. Usted me dice para donde, les indico a los de la avanzada. Vamos a dar el rol hasta el atirantado. Luego, a Ritual a comenzar una serie de tatoos de animales y motivos orientales de meditación espiritual. Es hora de cambiar. A nadar contra corriente, como el salmón. Vamos a rescatar el tiempo perdido.

Al amor también lo devoró la luz de César Trujillo.

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«El autor nos recuerda que Chernobyl no se ha terminado, que seguimos siendo los bomberos que intentaron apagar un incendio que durará más que la historia misma de la escritura. Todos somos esa mujer –como la que describe César Trujillo en su obra– que, sorprendida, mira la luz con el deseo de entender qué está pasando». (René Morales)