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La Regaladora

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Déjale en la estación de radio, en la mejor FM. Ya la sintonicé, en cualquier momento van a avisar para donde van a ir hoy, si a la populosa Apodaca, la escombrosa Escobedo, la polucionada Santa Catarina, el lodazal de García, la presumida San Nicolás, la rupestre Guadalupe o la tamalera Villa Juárez.

 

Apalabré a mi compadre: me va a llevar en su taxi para recoger uno de los premios. Este año están echando la casa por la ventana. Es el aniversario del programa matutino.

Los patrocinadores le dan a la audiencia desde dinero en efectivo, enceres para la casa, lavadoras, vajillas, electrodomésticos, una motocicleta Italika y prometieron un Atos último modelo. Llevarte de compras para hacer la despensa, todo lo posible en cinco minutos en el carrito.

Regalaron vales de gasolina, cubrir la cuota municipal del predial, los costos de la universidad y del donativo en las primarias y secundarias, de la asociación de padres de familia.

Te lo digo, están echando la casa por la ventana. Como nunca antes en la historia moderna de México.

Escuchar la radio, además de divertir con los shows, educan y entretienen.  Hay varios locutores muy albureros, de a madre, capaces de clavar frases ingeniosas hasta al señor cura.

Varias veces he ido a hacer guardia afuera de las instalaciones de las estaciones. Con tal de conocer a los locutores. Me enloquecen la textura de sus voces. Los imagino muy guapos, atractivos, con muchas mujeres dispuestas a todo, con tal de amanecer con esas dotes privilegiadas.

Los guardias de seguridad se saben mi nombre. Me ofrecen café y pan dulce. Ya está harto mi marido. Siempre andas de argüendera. Te falta un tente aquí.

Tiene razón y no. Me salí desde muy chica de la casa de mis padres, apenas si bien podía limpiarme el culo y acomodar la toalla sanitaria en la pantaleta, los días de visita de Andrés. Digamos no tuve adolescencia ni juventud. Me cantonee a los 17.

Así me conoció mi pareja en los bailes, en las tertulias, en el atajo de los eventos multitudinarios. En los maratones gruperos.

Vivir al margen de la alegría resulta imposible. La radio lo es todo. Jamás la apago. Si me preguntas por los programas y conductores, te los puedo decir de memoria.

Los nuevos locutores son pelados, irrespetuosos, están súper morros. Han comenzado a aparecer en televisión, en programas de revista. Le han quitado el aura mágica de la voz. La mayoría están rete feos. Retacos, chaparros, con acné, panzones y bizcos. La personalidad del locutor es como la del luchador enmascarado, comienza con el bautizo y se termina al momento de morir. Nunca antes.

En la cuenta del olvido, sintonizar la radio en la fm no es igual a la am. Tan llena de estática. Los arcángeles de la música, en las estaciones de radio, calientan el corazón.

Te dan alas, dotan de salvoconductos para soñar sin necesidad de visado. Escucho vallenato y me siento en Colombia con su acordeón, la caja y la guacharaca, no en la Sierra Ventana, a la luz de los faros de la impunidad, con el tableteo de las ametralladoras y los ajustes de cuentas.

Las letras hablan de nostalgias, de amores prohibidos, de pasajes cursis, de labios en la tristeza, de dueños de sentimientos, de trenes llegando a media noche, del pecado en las manos de la sombra.

Las promociones de la radio, como La Regaladora, desanudan los hilos de la divergencia. Una canción te corta la cruda y te consuela en la duda de la mitad de la calle, mientras preparas la comida, tiendes la ropa o barres debajo de la cama encontrando las piezas del miedo.

Espero a la orilla de la estufa, hierve el guiso, mientras avisan para donde se mueve la camioneta con los presentes, aguzo el oído. Martín Fabián lanza el dardo de la dirección.

Vamos con los chavos de La Regaladora. Mínimo nos traemos el vale de gasolina o la loción para después de afeitar. Con llegar hasta donde están ya somos ganadores. Podemos mandar saludos a la audiencia. Pedir la canción favorita, el disco compacto de colección, la calcomanía, los souvenires.

Apago las hornillas, aviento las chanclas y me pongo los tenis con suela de aire. Corro hasta la casa del vecino, quien se está tomando una cerveza para la cruz. En chinga, todavía le falta media hora a la zona escolar. Písale con fuerza. Están afuera de la Soriana Las Quintas en Guadalumpen, donde hace una semana en la madrugada bajaron a unos guerquillos los de la maña y los ejecutaron con las metralletas, disque eran de la contra. Colocaron cuatro cruces y veladoras.

Ahí mero está la troca de La Regaladora parqueada, con sus hermosos rines deportivos y equipo de sonido atronador reproduciendo la transmisión a distancia. Esperando a los próximos ganadores.

Last modified onMiércoles, 28 Febrero 2018 14:29
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